viernes, 5 de octubre de 2007

El peso de los brazos

En el rincón de la izquierda, en uno de los vértices de la U, la madera está completamente levantada. No hay barniz: sólo el resto negruzco del roce, del arrastre y del peso de los brazos. Desde hace unos días, la almohadilla brillante es nueva, con nuevo logotipo; la antigua, también algo sucia y raída, fue testigo y receptor de suspiros y decepciones, de salivas alegres y resoplidos inconformistas. De madrugada, cuando el estudio se sometía medio en penumbra a la limpieza y a la transición, el rincón de Carlos Llamas olía a café, a tabaco y a responsabilidad. Mucha responsabilidad.

Iñaki fue |su maestro| Javier fue |su compañero| José fue |su tertuliano|

2 comentarios:

drewig... dijo...

Hola. Por casualidades de la vida he dado con este blog, que en el fondo llevaba cierto tiempo buscando. El mismo tiempo que ha pasado desde que en la radio -la que siempre he escuchado y en la que estuve fugazmente para migrar a otras antenas en las que cumplir condena por mi mediocridad- escuché a un chaval que en una radio en pleno proceso de mudanza daba una cierta sensación de aire fresco, pero con reminiscencias a tonos de aquellos tiempos mejores -de esos que los oyentes de esa radio en mudanza tanto echamos de menos-. Supongo que todo esto te parecerá absurdo. O una broma. No lo es. Sólo quería decirte que hay oyentes, oyentes insomnes, que apreciamos el trabajo bien hecho. Yo siempre me he preguntado qué pensarán de mí los que me oyen. Tú ahora ya lo sabes. Algunos, al menos, te admiramos. Cuando publique este comentario y como suele ser habitual en mí, me arrepentiré por escribir esto - pensará que soy un loco, diré-. Pero quería escribirlo para que lo supieras por si te haces ante el micrófono las mismas preguntas que yo. Un saludo.

Testigo dijo...

Hola, Drewig. Lo primero... Bienvenido. Sí, hay veces que las noches se hacen demasiado largas; madrugadas en las que parece que nadie escucha. Gracias por tus palabras. No las merezco. Un abrazo fuerte y espero leerte mucho por aquí.