domingo, 16 de marzo de 2008

La baraja

El mazo estaba sobre la mesa. Nuevo. Impecable. Había ordenado que lo elaborasen el mismo domingo por la noche, nada más llegar al palacio tras celebrar la victoria. Era, sin duda, una idea genial. Una innovación revolucionaria que acabaría con el mito del cuaderno azul. Las cartas esperaban ahí, perfectamente recortadas, olorosas. Mientras aproximaba la mano al lomo rojizo de la primera, sintió que un hormigueo recorría la punta de sus dedos. Miró de reojo la lista que acababa de elaborar de su puño y letra. Los dos primeros puestos estaban ya relacionados con sus correspondientes nombres; los demás, una lista de cargos con una interrogación afilada a su derecha. El presidente se decidió a comenzar el juego. Por fin, la mano derecha alcanzó la baraja y arrastró hacia sí la primera carta. No sin cierto morbo, le dio la vuelta despacio. La cara sonriente que vio en el reverso no dejó de sorprenderlo, pero anotó disciplinadamente en la lista el nombre que el destino le había sugerido para ocupar el cargo de ministro del Interior. Fuera, el coto de Doñana despertaba soleado bajo la intensa luz del tercer domingo de marzo.

2 comentarios:

Ígor R. Iglesias dijo...

Muy bueno.Político y literario, el artículo. Me alegro de que el blog de campaña se hay convertido en una sólida estancia donde compartir nuestras ideas e impresiones. Un saludo. Por cierto, en mi blog he colgado un artículo sobre política que a lo mejor te puede interesar.

Testigo dijo...

Gracias, Ígor. La desconexión política no está siendo fácil! Repasaré en cuanto pueda el artículo que me sugieres... Un abrazo.